El Arzobispo Jackels hace declaración sobre la decisión del presidente en cuanto a DACA

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El Presidente ha terminado el programa DACA, que aborda la situación de las personas sin documentos
legales que fueron traídos a este país como menores.   Como resultado, the Dreamers—los Soñadores,
como las personas afectadas se llaman, teman la deportación, tienen que postergar sus planes para el
futuro, y tal vez incluso se sienten traicionados por el único país que conocen.
¿Por qué los católicos deben preocuparse por esto? Una serie de razones vienen a la mente:

1. La dignidad dada por Dios a cada persona – hecha a la imagen de Dios, considerada como hijos de
Dios – no recibe el debido respeto en la manera en que los Soñadores—los Dreamers son tratados.

2. Ignora los principios de una sociedad justa articulada por la enseñanza social católica, como el
derecho a la vida y a las cosas necesarias para vivir dignamente, incluyendo la protección contra el
daño desde el vientre hasta la tumba y a la devoción al bien común.

3. Representa un enfoque unilateral de los derechos y deberes humanos. Por ejemplo, la enseñanza
social católica reconoce el derecho de una nación a asegurar sus fronteras, pero también su deber
de tener una política razonable para recibir inmigrantes, así como el derecho de emigrar.

4.  No refleja lo que Jesús enseñó a través de su respuesta a los fariseos, que la regla jurídica tiene que
considerar las circunstancias reales de las personas, o resulta en un tratamiento inhumano, sin
compasión, faltando misericordia.

¿Por qué estamos haciendo esto? Cualquiera que conozca a los inmigrantes, legales o no,
certificará que son personas que temen a Dios, que asisten a la Iglesia, que son orientados hacia la
familia, trabajan fuerte y construyen la comunidad. ¿Por la regla jurídica estamos haciendo esto,
realmente?

Las leyes son importantes. Las leyes representan el comportamiento esperado de los ciudadanos
responsables en una sociedad justa. Pero las leyes pueden ser malas, rotas o injustamente
aplicadas. Cuando son así, como nuestras leyes actuales de inmigración, necesitan ser reformadas
como consecuencia.

¿Qué podemos hacer? Oremos a Dios por las personas pobres afectadas por la terminación del
programa DACA, por todos los inmigrantes y por los legisladores, que con sabiduría y valor puedan
acordar una solución legislativa en el momento oportuno.

También podemos escribir a nuestros legisladores, suplicándoles a encontrar una manera de
arreglar una ley rota, o estar listos para encontrar otro trabajo después del próximo ciclo electoral.

Y cada uno de nosotros puede asegurar que la práctica de nuestra fe católica incluye el derecho a la
vida de todas las personas y su derecho a las cosas necesarias para vivir dignamente, incluyendo la
protección contra el daño desde el vientre hasta la tumba, así como la devoción al bien común.
Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos ayude.

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